todos iguales

IES CONDE LUCANOR

Todos Iguales

 

Cuando se habla de la lucha por la igualdad de derechos entre varones y mujeres, no podemos obviar todo lo realizado antes del SXX, pues si bien este siglo supuso la “explosión” de la lucha feminista, esta lucha provenía de situaciones sociales y políticas anteriores que hay que conocer, aunque sea de manera esquemática. Las mujeres comenzaron a reivindicar sus derechos, aunque aún sin formar un movimiento más o menos organizado, en el marco de libertad y cambio que abrieron las revoluciones burguesas de finales del siglo XVIII. Con esos precedentes, a lo largo del siglo XIX se desarrolló en Europa Occidental y Norteamérica un movimiento que luchaba por la igualdad de la mujer y su liberación. Durante ese periodo, su principal objetivo era la consecución del derecho a voto. Nacía así el movimiento sufragista, formado en su mayor parte por mujeres de clase media, que poseían una cierta cultura y que comprendían la necesidad de conquistar el derecho a voto como base previa a un programa de reformas mucho más amplio: acceso a la educación y a ocupar los mismos trabajos que los hombres con el mismo salario. Posterior al movimiento sufragista, surge el movimiento feminista, que supone no restringir la lucha al derecho al voto, sino generalizar la reivindicación de igualdad a todos los derechos humanos. El Feminismo es el movimiento social y político que supone la toma de conciencia de las mujeres, como grupo o colectivo humano, de la opresión de que han sido y son objeto, y que las mueve a la acción para conseguir la igualdad de oportunidades entre los sexos. Sin embargo, a pesar de perseguir un objetivo de justicia e igualdad, el movimiento feminista ha sido denostado continuamente, como lo explica perfectamente Montserrat Roig en el siguiente texto: «Todavía en nuestros tiempos la palabra feminismo da miedo. Todavía ser “feminista” significa, para algunas mujeres, distanciarse de los hombres, ser una mujer distinta, agresiva, amenazadora de la paz y de la convivencia. (…) Las críticas sobre el feminismo y las feministas son hoy más sutiles y más subterráneas que en los tiempos del sufragismo. Los ataques condicionan la vida personal de las mujeres y el desarrollo de sus vidas cotidianas. Quizás porque no se entiende lo que significa ser feminista, quizás porque a veces sólo se analizan los aspectos más externos de su lucha, sin intentar profundizar en las causas que la motivan. Para algunos, las feministas son mujeres frustradas, sexual y afectivamente, que desembocan su fracaso personal hacia un abusivo enfrentamiento entre los sexos. Para otros, son mujeres que quieren imitar al “macho” y que renuncian a sus “naturales condiciones femeninas”. Hay quien piensa que el feminismo es una revancha irracional contra la supremacía masculina, una especie de machismo al revés.