Material complementario (Mohamad y Valentina)

Vamos a comentar un vídeo sobre una mujer y un hombre, (Valentina y Mohamad) con lugar de origen en Siria que cuentan su vida y su viaje hasta Alemania. Ellos querían llegar a  Europa. Tenían que atravesar el mar y creían que eso sería lo más difícil. Pero se dieron cuenta de que lo más difícil era lo de después. Todo el rato se movían por la noche. Tuvieron que viajar en patera e iban 50 personas más con ellos y se sentían como animales. Huyeron por las bombas, de su ciudad Alepo. Se conocieron a finales de los 90.Ella iba al instituto y él tenía un negocio de móviles. Él era musulmán y ella cristiana. Tenían una relación a escondidas. Perdieron todo por las bombas, dejaron ahí a sus familiares. Se tuvieron que marchar para sobrevivir. Sus objetivos en Turquía era trabajar y ahorrar. La primera noche se quedaron en Estambul. Valentina no podía dormir por no oír las bombas. Ellos veían que no les pasaba nada por creer en un dios diferente. Se casaron y empezaron a vivir juntos. Tranquilamente veían fotos de Turquía de cuando Valentina celebraba su cumpleaños el 14 de febrero. Después, se embarcaron a un bote hacia Grecia. Tenían miedo de que la policía les viese, no pudieron hacer fuego y estuvieron 3 días en el bosque. Hacía mucho frío. Cuando llego el bote, estuvieron 3 horas viajando por el mar. Al llegar a la playa ayudaron a mujeres, ancianos y a llevar bebés. Al llegar a la playa lloraron por todo el miedo que pasaron. Vieron a muchos voluntarios ahí. Les dieron mantas, galletas y agua. Se registraron para continuar el viaje. Gracias a una ONG recibieron comida caliente y ropa de abrigo. Solo cogieron un saco de dormir, 2 mantas y un kit de higiene. Les obligaron a tirar sus bolsas al mar porque no podían cargar más. Mohamad conservo una cadena de Mahoma que ponía que les protegía. En Grecia compraron un billete combinado, (autobús y ferry sin paradas). Les dijeron que el viaje duraría 7 días y solo tenían 200 euros. Ahora hay agencias que ayudan a miles de personas a cruzar el país mucho más rápido. Debido a una huelga de agricultores, en vez de,  tardar 5 horas en cruzar Grecia tardaron 10 horas. Hicieron una sola parada en todo el viaje, había wifi en la estación de servicio y llamaron a su familia. Su familia les hizó muchas preguntas pero ellos contestaron mintiendo. Sólo habían comido un par de galletas en un día y medio. Aprovecharon  para mandar mensajes. Cuando empezó a caer el sol, llegaron a un paso obligado para cruzar Macedonia. Una trabajadora de ACNUR  les avisó de que tienen unos minutos para ir al baño y luego les acompañariá a la frontera. Andaron  por un camino de tierra hasta llegar a una puerta donde les revisaron los papeles. Formaban parte de un grupo de los últimos que podían pasar. Un policía revisó sus fotos y les permitió pasar. Una semana después quedaron 10.000 personas acampando. Austria y los países balcánicos cerraron sus fronteras. Llegaron al campo de Macedonia en el que había mucha gente atrapada que eran paquistaníes, somalíes, marroquíes… Cada uno tenía su propia historia. Con las prisas entre frontera y frontera,  Valentina se enteró de que estaba embarazada. Se quedaron preocupados. Ellos seguían creyendo lo que les decía la gente, que el camino era fácil. Llegaron a la frontera Serbia-Croacia. Allí empezaron los problemas. Al pasar en el control en la frontera Serbia-Croacia, ellos tenían sus pasaportes turcos. Un guardia que realizaba el control, vio en sus pasaportes unos sellos turcos y les dijo que debían volver a Turquía porque se estaba muy bien. Valentina cuenta que en el camino hacia Europa fue cuando empezó a sentir mareos, cansancio… Fue al médico y la dijeron que estaban esperando un hijo. Ella se empezó a preocupar porque no sabían que les esperaba. Mohamad dice que tenían muy poca comida y que él solía dar parte de su comida a su mujer para que se nutriese más. Cuando llegan a Serbia, un policía al haber visto sus sellos turcos, les cogió y les metió de malas maneras a un autobús. Después, les dejaron en medio del bosque abandonados. A Valentina la dolía mucho la tripa y tenía mucho miedo, ella creía que iba a perder al bebé. Estuvieron andando durante 8 horas y llegaron a un campo. Estaban otra vez en Macedonia y les volvieron a mandar a Serbia. Ellos rompieron sus pasaportes. Se quedaron sin dinero en Serbia. La gente les animaba. Eso no funcionaba. La policía no era buena con ellos, las fronteras estaban cerradas. Como no tenían dinero, esperaban que la gente les diese comida y un sitio para descansar. Durmieron en la calle, con hambre, con frío. Se ducharon solo una vez. Tenían miedo de que no les obligaran a volver a Turquía. Sin documentación, llegaron a la frontera con Croacia. Pero la frontera estaba cerrada. La gente estaba pidiendo que abriesen las puertas. Había mujeres y niños llorando. Les dijeron que se tenían que quedar allí. Pasado un rato, las abrieron. Pudieron pasar porque eran sirios. Antes de abrir las puertas, les entrevistaron para asegurarse de que eran sirios. La gente se quedó atrás. La Cruz Roja les ayudó a pasar Croacia y Eslovenia. Primero en tren y luego en autobús. Llegaron a Austria. Les dieron un trozo de pan y una lata de atún. Mohamad se lo solía dar a su mujer, daba un par de bocados y la decía que tenía que  comer. El ejército austríaco les trasladó hasta Alemania. Vieron una mesa llena de queso, leche, huevos y chocolate. Preguntaron si podían comer todo eso, y les respondieron que si que podían. Al final, tardaron 21 días en llegar a Alemania y no 7 días como les dijeron. Al cruzar la frontera alemana, son trasladados a un campo en Fulda, (pequeña ciudad de provincias). Se encontraron un enorme recinto habilitado para la llegada de refugiados, con habitaciones de contrachapado y baños portátiles. Les asignaron una habitación para compartir con otra familia. Se pusieron tristes al saber que vivirían en un campo, porque no se lo imaginaban así. Durmieron 3 días. Al llegar a Alemania, supieron que estaban a salvo. Les llevaron en autobús a Giessen. Allí les dijeron donde les tocó. Les llevaron al campo de Fulda, divididos en los autobuses. Estuvieron muy contentos de llegar. Era como un país soñado para ellos, porque se podía conseguir una casa, un sueldo y un trabajo. También había seguridad que era  lo más importante. Al llegar a Fulda fue lo contrario, les llevaron a una sala abierta con 550-600 personas. No había habitaciones privadas. Había unas paredes finas de madera que no llegaban al techo para separar a las distintas familias y con cortinas. No había puertas. La comida no se podía comer. Ellos comieron pan, leche y agua solamente. Se escuchaba hablar a las otras familias. Hasta que no se paraba de oír ruidos no podían descansar. Su familia se alegraba de que estuvieran salvos. Ellos vivían deseando que se acabe la guerra en Siria. Dentro de poco tendrían un hijo. Echaban de menos a su familia. Ellos no querían volver a Siria por su hijo, por no pasar miedo. En Siria no podrían darle muchas cosas a su hijo. En los 3 primeros meses, Valentina adelgazó 6 kilos. La comida del campo la provocaba  nauseas. Ella no podía dormir porque los bebés de la otra familia, con la que vivían no paraban de llorar. Más tarde, les trasladaron a otro campo en Darsmtad. Estaba a media hora de Frankfurt. Aquí, estaban mejor. La ciudad era más grande, tenían una habitación para ellos solos. Había gente de muchas culturas. Había una tienda de comida árabe. La gente no les miraba mal. A ellos les gustaría vivir en un piso como otras familias. Ellos no podían trabajar, porque empezaron un proceso para pedir asilo. El gobierno Alemán les dio algo de dinero. Pero, no les llegó para mucho, porque era poco. Les daba, apenas, para una semana. A partir de donaciones  o en mercados de segunda mano consiguieron reunir para que su hijo Adam naciera a finales de Octubre. Ellos echaban de menos a su familia y a Siria. Les llamaban cada día. Su familia está en peligro y ellos han pedido que les traigan. Pero, les han dicho que es imposible. Valentina y Mohamad están asustados porque será su primera vez como padres. Ellos hablan con su bebé cada noche. Le hablan de cosas bonitas de Siria, de cómo era antes. Le hablan de su familia. Valentina y Mohamad deciden quedarse para que su hijo tenga un buen futuro.

También os queremos dejar una foto, que en realidad es un collage que hemos hecho sobre Valentina y Mohamad. Os lo dejamos:

v y m

Somos Cristina Díez y Paula Huerga.

#CWHistoryM