VIAJE DESDE SIRIA (material complementario)

En el vídeo hablan de cómo son los viajes desde Siria de los refugiados hacia Europa. Concretamente de una  pareja Mohamad(es musulmán) y Valentina (es cristiana). Eran muy difíciles, llenos de obstáculos, en unas calidades pésimas mientras iban en las pateras. Ellos pensaban todo el rato que seria fácil y que solo duraría una semana, pero lo peor  fue el viaje por tierra. Al llegar, echan de menos su casa, familias, amigos, tenían un trabajo…pero lo tuvieron que dejar  todo por la guerra y porque no les quedaba nada allí.

Al final llegan a Turquía, intentan conseguir trabajo, pero al final lo consiguen. Una frase que impacta bastante es “No podía dormir porque no se oían las bombas” al describir su primera noche allí. Además, podían andar tranquilamente por las calles de Turquía, consiguen casarse y ser felices.

Después, al ir a Grecia, es lo mismo. Siguen yendo en pateras,  como animales, durante tres horas en el mar. También nadaron unos metros, ayudando a bebés y ancianas. Y finalmente al llegar a la playa lloraron por seguir vivos.

Cuando Valentina y Mohamad llegan a Lesbos(los protagonistas de esta historia), se encuentran a muchos voluntarios esperándoles en la playa., con comida, agua, mantas…Allí pudieron registrarse para seguir el viaje y gracias a las ONG recibieron comida caliente y ropa de abrigo, para cruzar los Balcanes en pleno invierno. “Solo hemos cogido un saco de dormir, dos mantas y un kit de higiene. Los traficantes nos obligaron a tirar nuestras bolsas al mar. No podemos cargar más”, cuentan ya preparados para seguir su camino. Solo Mohamad conserva algo de Siria: una cadena con el nombre de Mahoma.

 Valentina y Mohamad llegan a un paso obligado para cruzar a Macedonia. Una trabajadora de ACNUR reúne a todos los pasajeros del bus, les avisa de que tienen unos minutos para ir al baño y que luego les acompañaría hasta la frontera. Están muy nerviosos. El grupo avanza por un camino de tierra, delimitado por espinos, hasta que llega a una puerta donde les revisan los papeles. Al lado, una papelera llena de documentos rotos demuestra la dificultad de cruzar este umbral. Un policía comprueba que la foto de Valentina y Mouhamad y les permite pasar. La pareja sonríe. No saben que forman parte de los últimos grupos que lograrán pasar. En este lugar inhóspito quedarán varadas más de 10.000 personas, acampadas en tiendas en medio del fango. Austria y los países balcánicos cierran sus fronteras.

Ya en Macedonia, el campo donde se encuentran está lleno de gente, aunque mucha gente se quedó atrás. Entre la preocupación y los nervios de estar allí y no saber si podrán pasar y seguir el viaje, Valentina se queda embarazada. “Fue una sorpresa total. No nos lo esperábamos. Al principio nos quedamos preocupados: ¿cómo íbamos a hacer ese viaje tan difícil con un bebé en la barriga?”, dicen.

En el paso de Serbia a Croacia les ven los pasaportes Sirios y les dicen que es mejor que se vayan a Turquía. Valentina  se da cuenta de que está embarazada y al principio no se alegró ya que no sabía si por culpa de bebé tendrían que volver a Siria. A veces les daban agua y una lata de atún, pero a veces les daban tres comidas. Mohamad le daba parte de su comida a Valentina.

 Sin ningún tipo de documentación, llegan a la frontera con Croacia. Pero está cerrada. Otra vez. Cientos de personas comienzan una protesta contra el cierre fronterizo: “Abrid las puertas, queremos pasar”. Las mujeres y los niños lloran en medio del tumulto. “Alemania ya no recibe a nadie más. Os tenéis que quedar aquí”, les espetan. Por suerte, al cabo de un rato abren de nuevo. Solo tres horas. Ellos pudieron pasar porque son sirios. Horas antes les habían encerrado en un cuarto y les habían entrevistado para garantizar que lo eran. El resto de personas que querían pasar se quedaron atrás.

La Cruz Roja les ayuda a cruzar Croacia y Eslovenia. Cinco horas en tren para cruzar el primer país y otras tantas en bus hasta llegar a Austria. Ya no hubo más tensiones en la frontera, pero los problemas no acababan. Tenían mucha hambre. Solo les daban un trozo de pan y una lata de atún”. Mohamad comió muy poco. Se lo daba todo a su mujer para que ella y el bebé estuvieran bien alimentados.

El ejército austríaco los traslada hasta Alemania. “Jamás olvidaremos el día que llegamos. Llevábamos varios días comiendo atún siempre. Y de repente en una mesa había queso, leche, huevos, chocolate. ‘¿Podemos comer todo esto?’, preguntamos tímidamente. ‘¡Claro!’ nos respondieron”. Pensaban que el viaje duraría siete días y tardaron 21 en cruzar Europa.

Nada más cruzar la frontera alemana, Valentina y Mohamad son trasladados a un campo en Fulda, pequeña ciudad de provincias. Se encuentran un enorme recinto habilitado para la llegada de refugiados, con habitaciones de contrachapado y varias filas de baños portátiles. Les asignan una habitación para compartir con otra familia y sus dos niños pequeños. “Cuando vimos que tendríamos que vivir en un campo nos pusimos muy tristes. Eso no era lo que habíamos imaginado. Pero estábamos exhaustos y no podíamos pensar. Dormimos tres días seguidos”. Durante los tres primeros meses en Alemania, Valentina adelgaza seis kilos a pesar de estar embarazada. “La comida del campo era muy mala y me provocaba nauseas. Además no conseguía dormir, los bebés que había en nuestro cuarto no paraban de llorar”. Al cabo de dos meses, los trasladan a otro campo en Darsmtad. “Aquí estamos mejor, tenemos una habitación para nosotros solos y la ciudad es más grande, con más comercio y más cultura. La gente local ya no nos mira tan mal como en Fulda”, explican.

En Alemania, la pareja inició los trámites para pedir asilo, pero el proceso es lento y mientras esperan no pueden trabajar. El Gobierno alemán les da algo de dinero para gastos de bolsillo, pero es claramente insuficiente en un país tan caro. “Apenas nos llega para una semana”, lamentan.

“Echamos de menos Siria. Echamos de menos a nuestra familia”. Valentina y Mohamad llaman cada día varias veces a sus padres para asegurarse que están bien. Están muy angustiados. “Están en peligro y eso nos hace sufrir mucho. Nos entra miedo porque pensamos que les ha pasado algo”, explican. Su mayor deseo sería tenerlos cerca cuando nazca el bebé. “Estamos asustados, es la primera vez que seremos padres, y nos ayudaría mucho tener a nuestras madres aquí, pero nos han dicho que es imposible”, suspiran.

Valentina y Mohamad hablan con su bebé cada noche, antes de irse a dormir, sobre la Siria en la que iban al cine, en la que salían de fiesta y se divertían en los parques de atracciones. Sobre esa Siria que ya no está. Le hablan de la familia que algún día conocerá. Aunque su futuro es incierto en Alemania y no pueden trabajar, Adam (el bebé) les da fuerzas para seguir adelante. “Hemos decidido quedarnos aquí para que él tenga un futuro. No queremos que conozca la Siria de ahora, las bombas, los muertos en la calle, la sangre.”.

SU VIAJE DESDE SIRIA HASTA EUROPA

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Y  esta es una de las muchas historias por las que los refugiados pasan, en su viaje hacia Europa, lejos de las guerras, buscando una vida mejor.

HECHO POR: Irene y Julia