Viajar con chicos y chicas de entre 10 y 12 años puede convertirse en una experiencia transformadora, tanto para ellos como para las personas adultas que los acompañan. En esta etapa comienzan a hacerse preguntas sobre quiénes son, qué lugar ocupan en el mundo y cómo se relacionan con las diferencias culturales, sociales y personales que observan al viajar.
Por qué los viajes a los 10-12 años marcan tanto
Entre los 10 y 12 años, las niñas y los niños se encuentran en una frontera: ya no son pequeños, pero tampoco adolescentes del todo. Los viajes en esta franja de edad son una oportunidad única para:
- Salir de su entorno cotidiano y ampliar su mirada.
- Cuestionar estereotipos sobre otros países, regiones y culturas.
- Aprender a convivir con personas muy diferentes sin caer en prejuicios.
- Descubrir que ser distintos no implica ser desiguales en derechos.
Destinos recomendados para trabajar la diversidad con preadolescentes
Casi cualquier destino puede convertirse en un escenario educativo si se diseña el viaje con intención. Sin embargo, algunos lugares favorecen especialmente la reflexión sobre desigualdades, diversidad y convivencia:
1. Grandes ciudades multiculturales
Capitales y grandes urbes —ya sea en España o en otros países— ofrecen barrios muy diferentes entre sí, comunidades migrantes, contrastes económicos y una gran variedad de estilos de vida. Con chicos y chicas de 10-12 años puedes:
- Recorrer mercados y barrios de distintas comunidades culturales.
- Comparar espacios muy turísticos con zonas residenciales menos conocidas.
- Observar cómo se usan los espacios públicos (parques, plazas, transportes).
2. Pueblos pequeños y entorno rural
Los pueblos y zonas rurales ayudan a valorar otros ritmos de vida y a cuestionar la idea de que todo lo "importante" sucede en las grandes ciudades. Son ideales para:
- Conectar con tradiciones locales y fiestas populares.
- Hablar sobre despoblación, acceso a servicios y oportunidades educativas.
- Reflexionar sobre cómo se organiza una comunidad pequeña para cuidarse.
3. Regiones con fuerte mezcla cultural
Áreas fronterizas o regiones que históricamente han recibido migraciones permiten entender que las identidades son mezclas vivas. Para adolescentes tempranos, observar idiomas, gastronomías y costumbres distintas en un mismo lugar invita a hablar de:
- Lenguas cooficiales y cómo conviven en la vida diaria.
- Comidas típicas que son resultado de varias influencias.
- Festivales y celebraciones donde se cruzan tradiciones diversas.
Cómo preparar el viaje: de la curiosidad al pensamiento crítico
La clave para que el viaje no sea solo un cambio de escenario está en la preparación previa. Antes de partir, es útil:
- Investigar juntos el destino: historia básica, costumbres, idiomas, clima, formas de transporte.
- Formular preguntas que guíen la mirada: ¿quién vive aquí?, ¿qué diferencias encontraremos respecto a nuestro barrio?, ¿qué cosas pueden ser injustas?
- Introducir conceptos como igualdad de derechos, justicia social, discriminación o privilegio con ejemplos comprensibles.
Actividades para abordar la diversidad sin caer en desigualdades
Durante el viaje, ciertas actividades ayudan a que chicos y chicas no solo vean, sino que también interpreten lo que observan.
Mapas personales y mapas del lugar
Puedes proponer que dibujen un “mapa de su vida cotidiana” (casa, escuela, parque, actividades) y, al llegar al destino, creen un mapa similar con lo que descubren allí. Después se comparan ambos para hablar de:
- Diferencias de espacios y oportunidades.
- Cosas que hay en un lugar y faltan en otro.
- Qué elementos consideran necesarios para una vida digna.
Diarios de viaje con enfoque social
Además de anotar qué han visitado, se les puede invitar a registrar:
- Situaciones de cooperación o ayuda entre personas.
- Momentos en los que perciben desigualdad o exclusión.
- Preguntas que les surgen al ver realidades distintas a la propia.
Pequeñas entrevistas respetuosas
Si el contexto lo permite, se pueden realizar breves entrevistas a personas locales: comerciantes, guías, personas mayores en la plaza… Siempre con respeto y consentimiento, animando a preguntar por:
- Cómo ha cambiado el barrio o el pueblo con el tiempo.
- Qué dificultades afronta la comunidad.
- Qué cosas valoran más de su lugar.
Educar en la idea “diferentes, sí; desiguales, no”
Uno de los aprendizajes más potentes al viajar con preadolescentes es entender que la diversidad es normal y enriquecedora, pero que las desigualdades injustas deben cuestionarse. Algunas claves para trabajar esta idea son:
- Distinguir entre diferencia y desigualdad: no es lo mismo tener costumbres, idiomas o religiones distintas que tener menos derechos o menos acceso a servicios básicos.
- Hablar de normas y leyes del lugar que visitan y compararlas con las de su lugar de origen, sin juzgar sino intentando comprender.
- Visibilizar privilegios: invitarles a pensar qué cosas dan por hechas (seguridad, escolarización, ocio) que quizás no están garantizadas para todos.
Seguro de viaje, salud y cuidado mutuo
Cuando se viaja con chicos y chicas de 10-12 años es fundamental incorporar la dimensión del cuidado al proyecto. Esto incluye:
- Revisar qué coberturas de salud ofrece el seguro de viaje y explicárselo de forma sencilla.
- Comentar las normas básicas del lugar (tráfico, zonas más seguras, comportamiento en espacios naturales).
- Construir reglas de convivencia dentro del grupo: respeto a los ritmos de cada persona, acompañarse siempre, pedir ayuda sin miedo.
El papel del alojamiento en la experiencia educativa
El tipo de lugar donde se duerme también puede ser un recurso pedagógico. No es lo mismo alojarse en un gran hotel turístico que en un pequeño establecimiento familiar o en un alojamiento rural gestionado por personas de la zona. Con chicos y chicas de 10-12 años se puede reflexionar sobre:
- Quién trabaja en el alojamiento y en qué condiciones imaginan que lo hace.
- Cómo se relaciona el establecimiento con el barrio o el pueblo (si consume productos locales, si participa en actividades de la comunidad).
- Qué impacto tiene el turismo en la vida cotidiana de la gente del lugar.
Cómo hablar de dinero, presupuesto y justicia al viajar
El presupuesto del viaje es otra vía para introducir la reflexión sobre desigualdades:
- Compartir, de manera adaptada a su edad, cuánto cuestan el transporte, el alojamiento y las actividades.
- Comparar precios con los de su ciudad o país de origen.
- Preguntarles qué consideran “caro” o “barato” y qué creen que hay detrás de esas diferencias.
Volver a casa: cómo consolidar lo aprendido
El regreso es el momento de integrar experiencias y preguntas. Algunas ideas para después del viaje son:
- Crear una exposición con fotos, dibujos y textos sobre lo vivido, incluyendo reflexiones sobre desigualdades observadas.
- Escribir pequeñas crónicas de viaje en las que se prioricen las historias de personas más que los monumentos.
- Plantear acciones concretas en su entorno (centro educativo, barrio, grupo de ocio) para mejorar alguna injusticia que hayan identificado.
Viajar como laboratorio de ciudadanía global
Viajar con niñas y niños de 10-12 años no solo sirve para conocer lugares nuevos. Bien acompañado, cada trayecto puede convertirse en un laboratorio de ciudadanía global, donde comprender que el mundo está lleno de diferencias, pero que ninguna de ellas debería justificar desigualdades en derechos y dignidad. Al diseñar rutas, elegir alojamientos y planificar actividades con esta mirada, los adultos contribuyen a formar viajeros jóvenes críticos, sensibles y responsables con los lugares que visitan.